Si todos los nervios de mis entrañas, si mis pensamientos van hacia lo que tú dirás, si mis lugares encuentran tu boca malgastada y tu ceño bruñido, si no me distraigo en otro daño que es el que dirás.
Estoy enjaulado con tu imagen, desacelerado en mis retos, y me retiro como protagonista de un cómic de terror en una viñeta en blanco y negro, acobardado en un rincón, con los ojos saltones
y la expresión de grito. No despierto de esta pesadilla mientras tú sigues persiguiéndome allá a donde vaya. Al día siguiente preguntaré por tus vacaciones y tú amarás contarme con todo detalle los lugares donde jamás estaré contigo... Las tierras que has pisado y que yo jamás podré seguir tu rastro. Me hablarás con cándida admiración de tu hombre y de la divina providencia, yo me desharé en un terror singular por estos ríos de tinta de una viñeta que será mi encierro y mi desgracia por haberte conocido. ¡Adiós!
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