Ay esta lluvia que no moja

lunes

XVI-E.Automática, 2 de septiembre


    Crisoles de almendra de mis huesos.Solo en esta vitrina,entre tantos libros viejos, me encuentro como el polvo de los castillos en las costillas tras la marcha a la batalla. 

Soy un fleco desmembrado de un ovillo olvidado en ese laberinto famélico que es tu desterrada imaginación. Desechado por tu recuerdo y recogido por un anciano de verdugos ojos y manos polvorientas. Fui rescatado de tantos milenios enterrado, y ahora me encuentro en esta vitrina donde el polvo y los libros de historia conviven a empujones. 

Yo, un fleco perdido de un ovillo encantado, me muevo a empujones entre vitrinas y vitrinas...Yo, que formé parte de la mitología y me bañé en sangre, yo, que servía a los héroes para perderse entre las húmedas paredes del laberinto, yo, un hilo del ovillo más fino, del más famoso de la historia de la humanidad, estoy perplejo y aburrido por este ir y venir de vitrina a vitrina. 

Ojos húmedos y aburridos, ojos distraídos e ignorantes, ojos opacos y obscenos me observan un segundo y, en su blasfema impaciencia, fotografían mi silueta traslúcida para su propia biblioteca de vagas memorias, vaga memoria en estos tiempos de distraídos recuerdos.

Finalmente, me desharé entre las líneas de alguna novela romántica para acabar quemado y no ser ni un albor en vuestros ojos.

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