Ay esta lluvia que no moja

jueves

XXVII-E.Automática 13 septiembre

 

Me llegó una foto de mi juventud y fue como una puñalada en el corazón.

Un violín resonaba, el Nocturno Nº 20, me llevó de la mano a ese lugar donde antes habitaba. ¡Soy tan desdichado...!

 Ese retrato que expresaba tanta esperanza, una manzana roja en sus ojos y una piel de melocotón, que me moría de ganas de desgajarlo y comerme su rostro poco a poco; los dientes como de aguacero, saciante la boca; miel y frutos rojos un bodegón inacabado, los ojos un racimo de uvas negras dulce como la mañana tardía, el cabello una pecera de colores donde fondear y tragarme toda su agua de sal y coral.

Las pestañas son un campo de hierba alta por donde pasear mi mano y que me acaricien como se acarician los enamorados, con ritmo y lento, muy lento, tus cejas; ruido por donde pisar para que despiertes de tu letargo y que podamos hacernos cosquillas, entre el suelo y las plantas de tus pies que beso... ¡ay, tu cuello! Tu cuello es el pantano donde me sumerjo para olvidarme de que el mundo existe y que en lo oscuro de su ser te suele comer a bocados, mientras recito poemas de Kavafis.

Eres un rostro del pasado, que se ha convertido en una armonía en el presente de sabores dulces, de olor metafísicos y anhelantes, eres el rostro completo que me enloquece al verlo en presente, pero solo es una pieza. Como lo que vemos en el pasado. Un grano, una nota, una sílaba, un encuentro fugaz... solo en tu muerte los vivos sentarán este bodegón melódico que ha sido tu vida y te recordarán completamente, sin remilgos, y celebrarán tu rostro de todas las edades y logros.

Pero ahora no es el momento de mirar atrás, porque estás construyendo los sabores del anhelo, los colores y formas de un presente y futuro que se cubrirá en tu cuerpo de mil formas. Dejarás atrás mil rostros, volverán a tu encuentro.

Mozart... no las olvides, no, pero cúbrete con la capa y el esbozo de los héroes y avanza, mi amor, hacia el camino de tus logros. Que serán esas historias para contar tras la luz de mi habitación, riendo como Ulises, serio como se ríe Agamenón, se reía Edipo, como se ríen nuestros seres queridos cuando te recuerdan... pero tú, ahora no te detengas demasiado en esa letanía del pasado, acaricia las oraciones de su lugar y salta al agua cada vez que te despierte, como si fuera un bautizo nuevo, como si la vida cobrase de nuevo forma y tu vitalidad se llenase de energía renovadora, capaz de doblar los muros del pasado con el índice de tus dedos.

Eres un gigante, amor, no lo olvides, un gigante capaz de realizar los más maravillosos milagros. A tu paso crece el trigo y las mariposas revolotean enloquecidas por tu olor a aventura. Sigue como hasta ahora y que tus pasos marcados los cuenten los demás. Que tú vivas las aventuras para que otros las relaten.


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