El pitido que tengo en mi oído no me deja escuchar al pájaro en mi ventana.
Lo veo con la boca abierta, el paladar rojo y bermellón, siento su esperanza, me adentro en su boca, caliente y húmeda bajo por su estrecha garganta como un escalador, exploro sus paredes tersas y su pequeño corazon bombeando como si fueran metralletas en una guerra cercana, su pequeño corazón con prisa y sus glándulas que son un mapa de naturaleza increible,recorro sus músculos de un color broncíneo y deslizo mis dedos sobre ellos, el nervio de su cuerpo, el corazon que late al ritmo implecable de la ciudad, la ventana, mi despacho.
La ventana mi despacho y el pitido. Vuelvo a escuchar el pitido en mi oído mientras , el pájaro ya se ha ido.
Tendré que descubrir, observar, imaginar algo más para dejar de escuchar este horrible sonido...
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