Esta sinfonía sumerje mis pensamientos desérticos y encuentro jarrones del Niger entre estos deslumbres habitacionales. La orquesta, el compás del piano en este archipielago de musas, me acompañan, me hunden, bailan antes de la tormenta y sin boca, me piden auxilio. Sombra de mi escritura que cabalga al soniquete de los famélicos adverbios y los desmedidos adjetivos .
Llega a su fin este exacerbo de sin y con , de compás alegre que me lleva del campo a la ciudad sin maquillarme, con el cabello revuelto y libre, el sudor de mi piel, jueha con los mapas del mundo y escribiendo una poesía sin prosa, ni verso libre, me dejo acompañar por el final de liras y tambores en FA mayor en esta tarde del final del verano en SORDINA.
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