El sello de tus labios de miel, no son como las gaviotas que lloran, el fin del verano en los puertos deportivos. No entiendo que mientas sobre el cabello dorado que se mece en ese cuadro, si tus huesos son huecos y se hinchan con la lluvia como la madera, separando la piel de las escamas y saltando al embarcadero como una perca sin agua para respirar un aire que no es nuestro.
Si tu viniste a mi en encuentro, en esa noche Perseica, yo te abrazo ahora en este día de nubes blancas y cabellos transfigurados que son residuos de mi vivir entre tu parte la mía...
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